La indecisa

20.09.2018

Si hay algo que detesto es ir de compras con esa persona indecisa que lo mira absolutamente todo, lo toca, lo pesa, lo huele, se lo prueba, lo vuelve a dejar en el mostrador, sigue buscando, regresa de nuevo a por la prenda en cuestión, le vuelve a echar el ojo, te pregunta si te gusta, te vuelve a preguntar a los cinco minutos que si te agrada (cuando ya le has dicho que sí una y mil veces más)...  

 

Y ya ni te cuento si salgo con Mamuchi de compras. Mi experiencia con ella ayer por la tarde que me pidió que la acompañara a ver un par de prendas que le habían llamado la atención pero que no se decidía.

 

Pero no queda ahí la historia. Después de estar en la tienda lo que para mí parecen horas y horas, la indecisa parece que por fin toma una decisión y es no adquirir el vestido, la camiseta, la falda, el pantalón... o lo que sea, en cuestión.

 

Mamuchi, que sólo queda éste, le digo. Pero no le importa. Según Mamuchi, si el destino quiere que lo tenga, lo tendrá. Olé ahí mi indecisa. 

 

Así que ella sigue repasando la tienda y después de un tiempo continuamos rumbo a la siguiente tienda que teníamos planeado ver pues me quiere mostrar su siguiente objetivo y volvemos a repetir el capítulo anterior de mirarlo, pesarlo, volverlo a mirar, probar y reprobar, pensar y seguir pensando y bla, bla, bla. Sin embargo en esta ocasión tenemos el agravante de que en un momento dado, Mamuchi, que es de armas tomar y va totalmente a lo suyo, se despista de ti ¿y qué hace?  

 

Pues gritar a pleno pulmón "¡Gala, Gala, Galaaaaaaaaa! ¡¿Dónde estás Galaaaaa?!"

 

Ay dios, y todo el mundo mirando como una señora de bien se pone cual verdulera en el mercado gritando "al rico tomate, oiga" 

 

 Y una servidora, con su cara de bochorno, toca el hombro de Mamuchi porque está justamente detrás de ella y le dice "Mamuchi que no me he perdido, que en todo momento estaba pendiente de ti"

 

No voy a entrar en la discusión con ella, pues esta siempre es la misma. El caso es que al final en la segunda tienda, de nuevo la prenda en cuestión no le convence pero quiere regresar a la primera por que ha decidido que se la iba a comprar. Así que vamos corriendo de nuevo en busca "el Dorado" ya que sólo quedaba una única de su talla.

 

Y con tan mala suerte de que ya ha sido vendida. El ánimo se le desinfla a Mamuchi, ya no quiere ver más tiendas y decide que me invita a un café antes de irnos para descansar.

 

Yo, que me conozco a mi Mamuchi como si la hubiera parido me entran ganas de ponerle en ese momento uno de los polos de Nabari, confeccionados en algodón orgánico que incorporan una hormona de la felicidad que se libera con el uso. Además de contar con un chip para guardar la identidad en caso de accidente.

 

Pero a falta de tener la opción de enchufarle hormonas de la felicidad, cuando nos sentamos en la cafetería (y directamente me pido un vino bajo la reprobatoria mirada de Mamuchi, pero yo necesito algo de alcohol en las venas para la que se va a desencadenar ahora) empiezo a escuchar a Mamuchi que por qué no la he obligado a comprárselo, que no la animo lo suficiente, que tenía que haberle insistido, y bla. bla, bla...

 

Y ya cuando le he dado un buen uso a esa copa de vino, saco de mi bolso Shopping bag Namibia la prenda en cuestión que la indecisa no se ha atrevido a comprar y se la entrego.

 

Toma pesada, un regalo. Por que si tengo que esperar a que te la compres ya ves que te quedas sin ella.

 

Woo, woo, woo... Os voy a ser sincera. No sé si lo hace a posta o no mi querida madre, alias la indecisa. Algunas veces pienso que sí, por que este numerito lo monta siempre con mi hermana también y al final la sinvergüenza sale con la prenda que quería regalada. 

 

 

 

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