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Mala, malísima

12.03.2018

Lo confieso desde mi blog, LAS IDEAS DE GALA, sino fuera por el karma, hay ocasiones en las que, si pudiera, sería mala, malísima. Y es que una intenta llevar una vida feliz, sana y sin perjudicar jamás a alguien.

 

Pero en ocasiones sale la fiera que hay en mí, dormida en lo más hondo de mi alma y me transforma en una vorágine vengadora que acabaría con ciertas personas con la mayor violencia de mi lengua. Vamos, que me vuelvo mala, malísima. Al menos de pensamiento porque luego, a la hora de la verdad, me acuerdo del karma, respiro hondo y ese pensamiento de mala, malísima lo dejo correr.

 

Y es que este fin de semana quedé con un grupo de amigas y llegó cierta conocida, de cuyo nombre no quiero acordarme, pero que, para mis adentros, tiendo a denominar la terremoto.

 

Y es que la terremoto no hay día que aparezca y derrame una copa de vino o alguna salsa o vete tu a saber qué... Pero si la terremoto aparece, lo mejor es enfundarse un chubasquero encima para evitar accidentes. 

 

Y para mi desgracia su última víctima he sido yo. O más bien, ha sido mi Vestido Miranda de corte tipo charlestón de la firma Tiralahilacha.  Y es que la terremoto me ha vertido una copa de vino (afortunadamente blanco) sobre mi vestido diseñado en Barcelona y confeccionado éticamente en India de 100% algodón.

 

¡Ahhhhh! Estoy que trino. Si en ese momento hubiera dejado que mi pasional enfado se apoderara de mi juro que hubiese cogido mi copa de tinto, le hubiese abierto el escote y se lo hubiera lanzado con una sonrisa al más puro estilo de Maléfica. 

 

Pero ¿por qué la gente no puede tener más cuidado? ¿Qué le ha hecho mi Vestido Miranda a esta terremoto?

 

Pues lo dicho, woo, woo y más woo, por mi mente pasaban mil y una escenas con las que responder al incidente, pero después de respirar profundamente y acordarme del karma, pulsar "ctrl+Z" de forma mental y rezarle al señor para que me diera paciencia, la mala, malísima que hay en mi abandono mi psique.

 

Lo dicho, en ocasiones una debe ser mala, malísima, pero solo de mente, por lo menos para cobrarse la vendetta por estropearte tu vestido nuevo.

 

 

 

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