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Por qué odio la cultura de los influencers

17.10.2018

Por un momento, miro en el espejo del big data al que recurrimos la inmensa mayoría para expresarnos: las redes sociales. En concreto, la cultura influyente.

 

El mundo del marketing busca influyentes, magnates de las redes sociales populares y micro influenciadores, aquellos con seguidores más pequeños y que parecen más "auténticos", para llegar a sus audiencias.

 

Es un modelo de negocio sólido. Pero me pregunto más a menudo de lo que me gustaría ¿hasta que punto es esto sostenible y contribuye a la sostenibilidad en el mundo de la moda?

 

En el panorama actual, las audiencias generales y los millennials son especialmente escépticos respecto de los anuncios, pero están dispuestos a probar algo recomendado por las personas que conocen o admiran.

 

Si bien solo un pequeño porcentaje de la población usa bloqueadores de anuncios, estamos mejor analizando qué es un anuncio y, por lo general, tratamos de ignorarlos. A nadie le gusta sentir que están siendo manipulados. Entonces, los manipuladores simplemente tenían que mejorar en eso. El marketing influyente es una industria de miles de millones de euros y dólares y, a pesar de las pocas ideas que sugieren lo contrario, está aquí para quedarse.

 

La razón por la que la cultura de influencers sigue siendo relevante es que corre paralela al fenómeno de las noticias falsas y los anuncios micro-dirigidos.

 

Es fácil dibujar paralelos entre los dos. La focalización en los medios sociales permite a las marcas u organizaciones susurrar en nuestros oídos y atender lo que dicen de cada uno de nosotros. Por eso me siguen en Internet anuncios de vestidos de algodón orgánico y joyas sostenibles. Mientras que los mercadólogos utilizan el marketing influyente como anuncios dirigidos para llegar a audiencias de nicho, están disfrazados.

 

Los anuncios se están disfrazando lo más cerca posible de contenido honesto como legalmente posible. Los seres humanos están predispuestos a confiar en el gusto y la toma de decisiones de quienes nos rodean.

 

Pero lo que hace el marketing de influencers es interceptar esa línea de confianza al presentar a las personas ideas, oportunidades, productos, lugares y experiencias que de otra forma no hubieran recomendado o encontrado.

 

De esa manera, recuerda a los sitios falsos y las páginas de Facebook que comparten historias falsas como noticias. La gente les cree porque el mensaje se alinea con su cosmovisión. La gente cree que los influenciadores están predispuestos a confiar en ellos.

 

Y sin embargo hay ocasiones que me pregunto si estos influencers saben el daño que pueden llegar a hacer al mundo de la sostenibilidad. Recomiendan según llenan sus bolsillos, no según las características del producto, si ha sido producido bajo los parámetros de comercio justo, si las técnicas de producción contribuyen a la sostenibilidad del medio ambiente, si son contaminantes, si sus tintes son naturales... 

 

Igual el titular es un poco fuerte, no todos serán iguales, pero por regla general... que queréis que os diga, woo, woo y más wooo... No me extraña que termine afirmando por qué odio la cultura de los influencers.

 

 

 

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