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Sábado, sabadete, amigos, familia y vermucete

09.09.2017

Dos días para incorporarme al trabajo. Woo, Woo y más Woo. Por un lado no quiero volver y por otro me apetece regresar a mi rutina habitual ya que, aunque parezca mentira, contribuye a ordenar mi me miente y hacer mi vida algo más sostenible. 

 

Adoro los sábados. Para mi son días de ajetreo entre amigos y familia. Todos los sábados mi padre acude a su bar de toda la vida a tomarse el vermut con su cuadrilla de jubilados. "A contar los frailes que me han dicho que falta uno" así de largo y original se llama el establecimiento. El cual, sea dicho de paso, se sabe cuando se entra pero no cuando se sale. Será que estos monjes juegan al escondite.

 

Dicho sea de paso, este grupo de amigos de toda la vida tienen un peligro... Yo de mayor quiero ser como ellos. Siempre juntos, siempre sin discutir entre ellos, siempre riendo y, desde que existe WhatsApp, siempre enviándose toda clase de chistes, en especial de carácter picarón verdoso... ¡Cualquiera diría que tienen 69 años! Claro que como ellos comentan, en estos momentos están en la edad más erótica de sus vidas.

 

Ir a tomar el vermut no es solo un hecho aislado de cada sábado. Es un estilo de vida. Antes tan sólo encontrabas un par de tipos de vermut, ahora existen locales especializados en esta bebida, los tienes caseros, curados en barricas de roble, de pino, a presión, en botella, caseros, no caseros, ecológicos... 

 

Algo que en el pasado sonaba un poco casposo y pijotero (me voy a tomar el vermut) hoy en día se ha convertido en una moda de lo más cool. Ya existen catadores de vermut, perfiles sociales en torno a esta bebida e incluso no eres nadie sino te conocen en un bar porque eres un asiduo de vermutear en fin de semana.

 

Por supuesto eso no me sucede a mí. Como divina de la muerte vermutera desde que cumplí los taitantos, una se ha hecho un huequecito en el mundo de este vino macerado en hiervas y compuesto de vino blanco, ajenjo y demás sustancias amargas que dicen fue inventado por los egipcios. Éstos si que sabían; no me extraña que se liaran haciendo pasajes por las pirámides y terminaran en laberintos.

 

Cualquiera lo diría, pero incluso el mundo del vermut se ha doblegado a los procesos de elaboración sostenibles y ecológicos. Por ejemplo, bodegas Sanviver presentó el pasado año el primer vermut ecológico del mundo, el Vermut Zarro y que presentó con un éxito de acogida en la feria Biofach de Nuremberg, el espacio de referencia mundial en la alimentación orgánica.

 

 

 

Si es que, como os digo, soy una erudita del ámbito vermutero... Y mientras me dirijo a ver a mi padre y sus amigos como cada sábado, voy por la calle evocando a Los Brincos  y cantando para mi  -ya que quedaría algo más de loca de lo que ya estoy si lo hiciera en voz alta- versionándo a mis circunstancias como siempre digo la siguiente canción: <<Con un sorbito de vermut / brindando por mi nuevo amor / la suave luz de aquel rincón 7 hizo latir mi corazón>>

 

La verdad es que en estos momentos no tengo amor... pero todo se andará... Y como no soy de quedarme parada esperando esta noche he quedado a cenar con un grupo de amigos en un japo ¿He comentado alguna vez que me pierde la comida japonesa? Pero Woo, Woo, y más Woo, esta noche saludable cena con amigos y quien sabe, quizás el hombre de mi vida sea un fanático también de esta tipología gastronómica y nos crucemos miradas esta noche.

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